Cuando Carlos era niño veraneaba en Las Negras, un pueblecito de la costa almeriense, donde los submarinistas extranjeros llegaban en zodiacs cargadas de ánforas antiguas extraídas del fondo marino de la cala más próxima, la Cala de San Pedro, un puerto natural protegido del levante y del poniente y con agua dulce que antiguamente servía de refugio temporal para los galeones. Él veía cómo las descargaban e incluso a veces les echaba una mano. Enamorado de esos tesoros submarinos, se prometió así mismo que de mayor se haría buceador y sacaría su propia ánfora del mar. 

Muchos años más tarde, cuando ya se había convertido en buceador profesional en el Centro de Buceadores de la Armada, se informó de que no sólo estaba prohibida su venta y comercialización, sino que también estaba penalizada por la ley su extracción del fondo marino. Aún así, el simple hecho de verlas le emocionaba. Su sorpresa vino al darse cuenta de que todos los fondos marinos habían sido expoliados. Pero él continuó soñando…

Antes de comenzar a trabajar como Técnico Especialista en Tratamientos de Agua la central térmica de Carboneras, una de sus labores requería la visita continua a la zona de toma de agua para controlar el sistema de refrigeración. Desde allí solía observar en el borde del puerto la gran cantidad de peces que se alimentaban de la vida marina que Endesa rechazaba, y se dio cuenta de que tenían un problema de diseño, pues ese rechazo de vida marina sobrante del filtrado del agua de aspiración, era devuelto al mismo lugar desde el que era absorbida, así que tuvo la idea de alejarlo 300m de la aspiración canalizándolo por tuberías para hacerlo pasar por un filtro de cientos de ánforas y acelerar así el proceso de envejecimiento de las mismas. Se trataba de un proceso único y sofisticado de envejecimiento acelerado de forma 100% natural y ecológica y lo haría sin tener que esperar 2.000 años para que la vida marina colonizara las ánforas, sino 5 años!.

El sueño de Carlos empezó a tomar forma. Lo primero que se hizo fue solicitar la patente, comprobando que ningún procedimiento similar había sido registrado previamente, siendo por lo tanto una Novedad Mundial. Así, se empezó a trabajar dentro de la zona de refrigeración de la central térmica, comprobando que tanto la velocidad del agua como el no enterramiento de las ánforas en la arena, facilitaban de forma continua el proceso natural acelerado de envejecimiento de las mismas. 

Tras un largo e intenso trabajo de ensayo y error, muchas horas de buceo y largos periodos de espera, finalmente encontró la forma de cultivar las ánforas para envejecerlas de forma acelerada.  Así que al igual que los famosos perli-cultores de Asia, tomó la decisión de convertirse en un “ánfora-cuicultor”, el único en el mundo en su profesión! Dejó su trabajo y solicitó y consiguió una concesión de la central térmica para llevar a cabo su “ánfora-acuicultura” en un área específica dentro de la dársena del puerto.