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El Bou Ferrer actualmente protegido por un cerramineto subacuático para las visitas guiadas

 

 

¿COMO SE DESCUBRIÓ EL BOU FERRER CASUALIDAD O CAUSALIDAD?

Bou y Ferrer, tras un día de trabajo rutinario (1999) el cual no había sido muy fructífero y antes de volver a casa, decidieron buscar una embarcación llamada “ la barqueta” que estando en desuso sus dueños la habían hundido intencionadamente. A ello se dedicaban, hundían embarcaciones viejas y al cabo de un tiempo las fotografiaban para que sus clientes vieran la cantidad de vida marina que se generaba en torno a ella. Ese día decidieron completar la jornada haciendo unas fotografías para luego enseñar a sus antiguos dueños y ver el arrecife marino en el que se había convertido. Como conocían las coordenadas navegaron hasta allí y, cuando se estaban equipando para realizar la inmersión un fuerte e inesperado golpe de viento los arrastró a más de veinte metros de su posición inicial. Intentaron levar el ancla, pero se dieron cuenta que ésta se había enganchado y tuvieron que hacer una inmersión para soltarla. Tras sumergirse a una profundidad de unos veinticinco metros, pudieron comprobar que el ancla estaba enganchada en una vasija, pero ésta no era en una vasija normal, ¡era un ánfora romana!. Ese día el agua estaba muy turbia y aunque hicieron alguna inmersión más, solo pudieron ver dos o tres piezas más, por lo que decidieron volver otro día cuando el agua no estuviese turbia. Al volver pudieron ver atónitos que no solo había “unas cuantas ánforas” sino una embarcación completa, un pecio hundido de enormes dimensiones cargado con miles de ellas (hasta hoy se han contabilizado ya unas tres mil ánforas y varios kilos de lingotes de plomo. Con datos fehacientes se pudo reconstruir la historia, haciendo un símil de lo que podía haber ocurrido. El barco podía haber salido del puerto de Cádiz cargado de salazones y en su camino a Nápoles pasando por las baleares, posiblemente éste se desviara por algún motivo que desconocemos en un intento por salvar la tripulación y posiblemente por una maniobra fallida por acercarse demasiado a la costa el pesado barco mercante naufragó, y así quedó velando en silencio durante unos dos mil años.

 

No sabemos si a veces las cosas pasan por casualidad o por causalidad. Este incidente que les aconteció pudo tener una pincelada mística, donde los fantasmas de esta tripulación ya cansados de estar ocultos, los eligieran a ellos para compartir con la humanidad su secreto, su historia, cómo era su pervivencia en el navío, como configuraban su carga, los enseres de la tripulación,  los objetos que portaban, sus ropas, pipas, juegos de azar, dados, medallones con alguna foto familiar ahora borrada por el paso del tiempo, su barco y su vida en él y aún siendo muy valientes, a los miedos que se enfrentaban en sus travesías, tales como el que tanto temían que ocurriera en su fuero interno y que terminó ocurriendo ese fatídico día.

 

Los arqueólogos realizan hallazgos y cuentan como podría haber sido la vida a bordo de un buque de línea Cádiz- Roma en tiempos de Nerón.

El naufragio del enorme barco romano hacía la línea entre Cádiz y roma. Tenía unos 30m de eslora y su tripulación no excedería de unas cinco personas. Iba cargado hasta los topes con más de 4000 ánforas de unos 56kg cada una y su mayoría cargaba  una versión lujosa de la salsa de pescado fermentado que era como “Un capri de dié” para los habitantes de la ciudad de Roma. También transportaba plomo en concreto 12 toneladas en lingotes muy especiales porque llevaban el sello del Imperio Romano cuándo gobernaba Nerón. Su carga iba apilada estratégicamente donde cada hueco que formaban tres ánforas de abajo se colocaba el pico de otra encima y así sucesivamente. Sobre la carga se dieron cuenta de que faltaba un metro más o menos de carga en concreto de plomo para sujetar la carga pero este faltaba, seguramente sería una carga de sal de la misma zona donde adquirían el plomo para las cañerías (cerca de la Carolina) muy apreciada en roma para tratar las infecciones oculares tanto de personas como de ganado. Aún así los arqueólogos, transportaban mucho Gárum para tan poco plomo y es que se solía comprar un flete de plomo y se dividía en cincuenta barcos, dicen que así, si se perdía una nave, solo se perdía una parte de cincuenta.

Encuentran la llave de la despensa (y de la historia) en el pecio romano del Bou Ferrer, durante los trabajos también se ha descubierto un lingote de plomo con una marca que hacía referencia a un emperador de la dinastía Julia Claudia y una contramarca que aludía directamente a Nerón.

 

¿Pasarían hambre los tripulantes de las naves o simplemente eran muy precavidos?

 

Durante la campaña que se realizó en el Navío en el 2017 hallaron una jarra con una concreción pegada cuyo contenido no se conocía. Apareció sobre un sondeo en la zona de la cocina en la popa de la nave. Tras el largo tratamiento de los objetos para su preservación una radiografía permitió saber de que artilugio se trataba, era la llave de la despensa donde guardaban el rancho y algunas pertenencias de los tripulantes. Se han encontrado evidencias en algunos pecios encontrados de ánforas con agujeros hechos a conciencia para ir bebiéndose el vino de algún ánfora poco a poco durante la travesía sin levantar sospechas.

¡Sigue leyendo curiosidades sobre las ánforas!